Terapia Holográmica: Sanación del Alma

sábado, 23 de julio de 2011

LOS RITMOS de la NATURALEZA

Queridos amigos:

De las distintas épocas de la historia, la nuestra es la que ha profundizado más la distancia entre naturaleza y cultura. Vivimos en una sociedad que nos enseña a olvidar nuestra pertenencia a la naturaleza de la que provenimos y que nos sustenta.

No se trata de un error, sino de un condicionamiento ideológico: los que lucran con la destrucción de nuestro medio natural son los que prefieren que dejemos de tenerlo en cuenta y nos transmiten continuamente ese mensaje. Por el contrario, la defensa de esa naturaleza requiere percibirla.

Por eso nuestra insistencia en recordar una y otra vez los ritmos de la naturaleza.
En esta entrega ustedes reciben:
  • Uno de los diálogos más famosos de William Shakespeare. Es la escena del balcón de Romeo y Julieta. Los amantes acaban de pasar juntos la noche por única vez en sus vidas. Aún es oscuro y escuchan el canto de un pájaro. El diálogo que sigue une la precaria situación en que se encuentran con el momento del día en que cada ave hace su reclamo amoroso. El ruiseñor
  • Europeo, al igual que el zorzal criollo, canta de noche, mientras que la alondra anuncia el amanecer. Por supuesto, la estación del año en que esto ocurre está implícita con tanta claridad que Shakespeare no consideró necesario nombrarla.
  • La obra de arte que acompaña esta entrega es "Azul", de la fotógrafa argentina Nelly Harracá.
Quiero saludarlos en el comienzo de la primavera.

Un gran abrazo a todos.

por Antonio Elio Brailovsky

JULIETA
Te vas ya? Aún no es de día.
Ha sido el ruiseñor y no la alondra
el que ha traspasado tu oído medroso.
Canta por la noche en aquél granado.
Créeme, amor mío; ha sido el ruiseñor.
ROMEO
Ha sido la alondra, que anuncia la mañana,
y no el ruiseñor. Mira amor, esas rayas hostiles
que apartan las nubes allá, hacia el oriente.
Se apagaron las luces de la noche
y el alegre día despunta en las cimas brumosas.
He de irme y vivir, o quedarme y morir
JULIETA
Esa luz no es luz del día, lo sé bien;
es algún meteoro que el sol ha creado
para ser esta noche tu antorcha
y alumbrarte el camino de Mantua.
Quédate un poco, aún no tienes que irte.
ROMEO
Que me apresen, que me den muerte,
lo consentiré si así lo deseas.
Diré que aquella luz gris no es el alba,
sino el pálido reflejo del rostro de Cintia,
y que no es el canto de la alondra
lo que llega desde la bóveda del cielo.
En lugar de irme, quedarme quisiera.
¡Que venga la muerte! Lo quiere Julieta.
¿Hablamos mi alma? Aún no amanece.
JULIETA
¡Sí está amaneciendo! ¡Huye, corre vete!
Es la alondra que tanto desentona
con su canto tan chillón y disonante.
Dicen que la alondra liga notas con dulzura:
a nosotros, en cambio nos divide;
y que la alondra cambió los ojos con el sapo:
ojalá que también se cambiasen las voces,
puesto que es su voz lo que nos separa
y de aquí te expulsa con esa alborada.
Vamos, márchate, que la luz ya se acerca.
ROMEO
Luz en nuestra luz y sombra en nuestras penas.
JULIETA
Pues que el día entre y mi vida salga.
ROMEO
Bien, adiós. Un beso, y voy a bajar.
(William Shakespeare: “Romeo y Julieta”, traducción de Pablo Neruda)






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