Un día, cansado de las arbitrariedades que ejercía una directora de
ashram al conjunto de sus colegas , y, por el contrario, las quejas que
sobre ella irradiaban, formaban como una atmósfera diamantina que
envolvía las relaciones humanas del ashram, el Maestro después del
Ceremonial expresó al pasar:
-El espíritu de la colmena…
“El espíritu de la colmena?” preguntó un discípulo asombrado:
- El espíritu de la colmena… Sí, así es.
Todos se quedaron callados mirándose entre sí.
-El
espíritu de la colmena o la consciencia de totalidad es lo que le falta
a Ofelia. Por eso venimos al ashram para experimentarlo.
“…y nosotros tenemos que aguantarla”… murmuró unos de los coordinadores de área.
-Bien,
entendamos esto. Nos tenemos que ubicar aquí, señalando con su dedo
índice su pecho. Es como estar centrado en la glándula timo que es el
director de orquesta del sistema linfático, que con un gesto hace que
hasta la última célula del cuerpo se ponga a disposición del conjunto, e
intervenga justamente en el ritmo y melodía de la vida del cuerpo o la
aparte del concierto.
Cuando no hay director de orquesta, el
primer violinista, entonces la mente asociada al ego toma el control
como sustituto de la Timo, para afinar a la orquesta. A veces reacciona
enfadándose al enfrentarse a una exigencia de una parte del cuerpo,
dándole a las células una orden de apartarse o callarse porque no es el
momento de intervenir desanimándola hasta que se vaya, o un apoyo
desmesurado, como permitirle un “Solo”, hasta llegar a convertirse en
una célula cancerígena.
-Mientras que esto se experimenta, Ofelia
tomara decisiones al antojo del ego, y el conjunto de Hnos. tomará
arbitrario sus dediciones y sentirán que no los dejan expresar el
servicio de acuerdo a sus propias voluntades.
-Este proceso
parecería doloroso, como confundir el síntoma de la enfermedad que
produce el ego desmesurado, y la crisis depurativa que se produce desde
la toma de consciencia de la totalidad hasta la reparación del daño
ocasionado.
-No se preocupen. Este ritmo de “aprehendizaje” a
través del acierto y del error no pasa desapercibido por quien es su
responsable y lo supervisa.
El Maestro es El director del ritmo
de la vida, tiempo y espacio integrados en el cuerpo del ashram, para
que las voluntades individuales evolucionen al conjunto y Ofelia
encamine a todos “afinados” a la dirección del Maestro.
“Uy, que lío”, exclamo un visitante “novo”, con toda la naturalidad de los que miran de afuera y no comprenden que pasa adentro:
El
conjunto aclamó la expresión con una carcajada colectiva, disolviendo
la atmosfera diamantina, en una brisa cálida de primavera para el
espíritu.
El Maestro, tomándose su pausa característica para
expresar su sonrisa satisfactoria, dijo como al pasar al acercarse al
visitante:
-No se preocupe, lo que importa es la MÚSICA,… que exprese la sencillez de la verdad, la mentira del ego es muy complicada.
“Menos
mal Maestro, ya estaba preocupándome, me había parecido que después de
haberlos oído cantar tan desafinados en el Ceremonial, Ud. estaba
sordo.”
Por Sísul
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