Terapia Holográmica: Sanación del Alma

martes, 25 de marzo de 2014

Relatos para despertar Para Dos. El Juego del Placer I



“Maestro, que nos puede decir acerca del placer del sexo y del dinero, ahora que está en su etapa de abstenciones?”.


Una magnética mujer del fondo de la sala lo interpela, con sus grandes ojos negros, llenos de una eléctrica mirada  sensual y una sonrisa pícara.


El Maestro tomó aire, como para irse más adentro  de lo acostumbrado  y de esa ráfaga de inmersión al alma, brotó  llenos de vida  los recuerdos:

...”la ve traslucida  entre el bosque de álamos plateados, con su pelo suelto  y su figura delicada, llegando hasta al arroyo del manantial, la ve suspirar mientras se quita graciosamente su ropa, quedando al desnudo su piel bronceada del aire  y del sol, finalmente, entre  ese impase conmovedor de su piel expuesta ante los elementos de la naturaleza, el agua se abre a su divina cadencia de gracia y misterio. El está desnudo tomando sol del verano en su refugio inexpugnable entre el bosque, en el sitio donde se encuentra una piedra como altar a la consagración de los momentos íntimos con el silencio. La observa parado, erguido como un hombre natural, como si fuera una estatua griega entre los  árboles meciéndose al viento.


Ella lo siente como una suave brisa recorriéndole su cuerpo hasta posarse en sus ojos, fundidos uno a otro sus naturalezas, ella solo atina a respirar profundo, a pasos que configuran un ritual de danza sale del agua purificada brillando con el sol, se dirige hacia él, descalza, como un imán irresistible. Ya frente a frente, invadiendo el espacio y el tiempo consagrados al secreto de la soledad, ella lo inunda con un tierno abrazo, vaciando el conteniendo de  tristeza y  soledad del alma con una consciencia clara de la inmensidad de lucidez  y  plenitud de  felicidad.


El se arrodilla en agradecimiento, ella se sienta sobre el tomándole su rostro, y sin pedirse nada, se dan al instante de fusión. Ella con sus labios abre suavemente  la caverna de su boca  como una  llave mágica que abre las puertas sagradas de un templo antiquísimo, mientras el abre  el surco de su tierra  con su barca para que fluya el río vivo del sabor amado al mar abierto del abismo. Juntos  se convierten en el Altar de la propia naturaleza.


En ese momento, en que el juego del placer se transforma en goce eterno, las cotorras dejan de cantar, las siete campanadas replican sin ningún llamado, el sol del medio día se inmoviliza con un aurea colorida: justo allí, el cielo y la tierra se unen, el pasado y el futuro se contraen, donde el adentro y afuera los contienen, cual ritmo a contrapunto de dos corazones se detiene, para dar paso al clamor  luminoso de perderse y encontrarse, de vaciarse y llenarse de otro, ante la sorpresiva y fugaz visita de la inmensidad del UNO en cada UNO de los DOS.”

“Maestro…”

-A sí, disculpe, ya es tarde la próxima vez se lo contesto.

Por Sísul, 23 de Marzo 2014

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