
Cuando Dios quiso contar su historia, habían pasado muchos eones y ya no se acordaba de nada. Su
hoja estaba en blanco, entonces le preguntó a un niño y el niño le
relató unos segundos de su día y Dios le enseñó a escribir a través de
su propia historia, en miles de libros.
Cuando el niño llegó a viejo, Dios ya sólo escribía unos renglones cada año, hasta que...